El cambio climático está modificando las concentraciones de polen en Madrid. Un estudio de Clínica Subiza, publicado en Clinical & Experimental Allergy, analizó 40 años de registros aerobiológicos (1979-2018) y encontró un aumento de la temperatura, cambios en determinados pólenes y modificaciones en su calendario de aparición. ¿Qué consecuencias puede tener para las personas alérgicas?
El cambio climático también afecta a nuestras alergias
Cuando hablamos de cambio climático solemos pensar en temperaturas más elevadas, sequías o fenómenos meteorológicos extremos. Sin embargo, existe otra consecuencia menos conocida: los cambios en la cantidad y distribución temporal del polen que respiramos.
Las plantas responden a las condiciones ambientales. La temperatura, las precipitaciones y la disponibilidad de agua influyen en su crecimiento, floración y producción de polen.
Por ello, el cambio climático puede modificar tanto la cantidad de polen presente en el aire como las fechas en las que aparece.
40 años estudiando el polen de Madrid
En Clínica Subiza llevamos décadas realizando un seguimiento aerobiológico de los pólenes atmosféricos de Madrid mediante un captador volumétrico tipo Hirst.
Esta larga serie de observaciones permitió analizar la evolución de las concentraciones de polen durante el periodo comprendido entre 1979 y 2018.
Los resultados se publicaron en la revista científica Clinical & Experimental Allergy:
Influence of climate change on airborne pollen concentrations in Madrid, 1979-2018.
Clin Exp Allergy. 2022;52(4):574-577.
Consultar el artículo científico original
Madrid se ha calentado aproximadamente 1,3 °C
Durante el periodo estudiado se observó un incremento de la temperatura media de aproximadamente 1,3 °C.
Este calentamiento puede influir en el desarrollo de las plantas y en sus ciclos reproductivos.
Una de sus consecuencias es que determinadas especies pueden comenzar antes su actividad polínica.
Sin embargo, el comportamiento no es idéntico para todos los tipos de polen, ya que también intervienen las precipitaciones, la humedad y las características de cada especie vegetal.
¿Qué pólenes han aumentado en Madrid?
El análisis histórico mostró tendencias crecientes en varios grupos polínicos de importancia alergológica.
Cupresáceas
Las cupresáceas, entre las que se encuentran los cipreses y las arizónicas, constituyen una fuente importante de polen durante el invierno y el comienzo de la primavera.
Su presencia en parques, jardines y setos urbanos contribuye a la exposición de la población.
El aumento observado en sus concentraciones atmosféricas puede estar relacionado tanto con factores ambientales como con cambios en la vegetación urbana.
Platanus
El plátano de sombra (Platanus) es uno de los árboles ornamentales más frecuentes en las calles de Madrid.
Su polinización se concentra principalmente en primavera y puede alcanzar valores atmosféricos muy elevados durante periodos relativamente cortos.
La evolución de sus concentraciones resulta especialmente relevante por la abundancia de estos árboles en la ciudad.
Quercus
El género Quercus incluye encinas, robles y otras especies relacionadas.
El estudio también identificó una tendencia creciente en sus concentraciones polínicas durante el periodo analizado.
Estos cambios pueden modificar la exposición ambiental de los pacientes sensibilizados a sus alérgenos.
La primavera puede comenzar antes
El aumento de las temperaturas puede favorecer un adelanto de la floración de determinadas especies.
Esto significa que algunos pacientes pueden comenzar a presentar síntomas antes de las fechas que tradicionalmente asociaban con su alergia.
El calendario polínico no es inmutable: puede cambiar con las condiciones climáticas.
Por este motivo, el seguimiento continuo de las concentraciones de polen es importante para interpretar correctamente la aparición de los síntomas respiratorios.
¿Más calor significa siempre más polen?
No necesariamente.
El aumento de la temperatura puede favorecer el desarrollo y la floración de algunas plantas, pero cuando se acompaña de sequía intensa también puede limitar su actividad vegetativa.
En Madrid, las condiciones de calor y sequedad al final de la primavera pueden contribuir a una reducción de determinadas concentraciones polínicas durante junio.
Por tanto, no podemos interpretar el cambio climático simplemente como un aumento uniforme de todos los pólenes.
Es necesario estudiar cada especie y su respuesta a las condiciones meteorológicas.
¿Qué consecuencias tiene para los pacientes alérgicos?
Los cambios en la exposición al polen pueden tener diferentes consecuencias clínicas:
- Modificación de las fechas de comienzo de los síntomas.
- Cambios en la intensidad de la exposición ambiental.
- Variaciones en la duración de las temporadas polínicas.
- Mayor importancia de determinadas fuentes alergénicas.
- Necesidad de adaptar el seguimiento y las medidas preventivas.
Sin embargo, es importante distinguir entre un aumento de la concentración atmosférica de polen y un aumento de la prevalencia de alergia.
Son fenómenos relacionados, pero no equivalentes. Para demostrar cambios en la sensibilización alérgica de la población se necesitan estudios clínicos específicos.
No todos los pólenes tienen la misma importancia alergológica
Una concentración elevada de polen no implica necesariamente que ese polen sea el principal responsable de los síntomas de un paciente.
La importancia clínica depende de diferentes factores, entre ellos la capacidad alergénica, la exposición y la sensibilización individual.
Actualmente, el diagnóstico molecular permite identificar con mayor precisión las proteínas alergénicas frente a las que está sensibilizado cada paciente.
Esto resulta especialmente útil en pacientes con múltiples pruebas positivas, porque algunas sensibilizaciones pueden explicarse por reactividad cruzada entre proteínas de diferentes plantas.
La combinación de aerobiología, historia clínica y diagnóstico molecular permite interpretar mejor la enfermedad alérgica.
La importancia de mantener los registros históricos
Una de las principales fortalezas de este trabajo es disponer de una serie aerobiológica prolongada.
Los registros obtenidos durante décadas permiten detectar tendencias que serían difíciles de identificar mediante observaciones de unos pocos años.
Además, ayudan a diferenciar las variaciones anuales, relacionadas con las condiciones meteorológicas particulares de cada temporada, de los cambios que se producen a largo plazo.
Por ello, mantener sistemas de vigilancia polínica constituye una herramienta importante tanto para la investigación como para la práctica clínica.
¿Cómo podemos adaptarnos a estos cambios?
En los pacientes con alergia respiratoria por pólenes, la atención médica debe tener en cuenta la evolución de las temporadas polínicas.
Entre las medidas más útiles se encuentran:
- Consultar las concentraciones de polen atmosférico.
- Relacionar los síntomas con los periodos reales de exposición.
- Identificar los alérgenos clínicamente relevantes.
- Planificar el tratamiento preventivo de forma individualizada.
- Valorar la inmunoterapia específica cuando esté indicada.
El objetivo no es solamente conocer cuánto polen hay en el aire, sino determinar qué pólenes son responsables de los síntomas de cada paciente.
Nuestra experiencia en Clínica Subiza
Después de décadas estudiando el polen de Madrid y atendiendo a pacientes con polinosis, hemos aprendido que la alergia respiratoria debe interpretarse teniendo en cuenta tanto las condiciones ambientales como las características individuales de cada paciente.
El clima cambia, las plantas modifican su comportamiento y también puede evolucionar el perfil de exposición alergénica de la población.
Por eso, la investigación aerobiológica y el diagnóstico alergológico deben avanzar conjuntamente.
El mensaje que queremos transmitir es:
🌍 NO ES SOLO MÁS POLEN...
¡SON NUEVAS ALERGIAS!
Conocer estos cambios nos permite mejorar el diagnóstico y ofrecer tratamientos cada vez más personalizados.
Referencia bibliográfica
Influence of climate change on airborne pollen concentrations in Madrid, 1979-2018. Clinical & Experimental Allergy. 2022;52(4):574-577. DOI: 10.1111/cea.14082.
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